El menisco roto es una causa muy frecuente de dolor y limitación de movimiento en la rodilla. Además, en algunos casos puede suponer una limitación importante en actividades tanto deportivas como cotidianas.

Cuando una estructura sufre una rotura es común pensar que lo idóneo es entrar a quirófano. Sin embargo, en el caso de los meniscos, no siempre es la mejor opción someterse a una cirugía, ya que el tratamiento conservador da muy buenos resultados.

La opción terapéutica que se llevará a cabo en cada paciente, dependerá de varios factores que diferente naturaleza: físicos, personales, etc.

La rodilla es una de las articulación más complejas que tiene nuestro cuerpo, así como importante. Entre las estructuras que destacan en esta región, se encuentran los meniscos. Estas estructuras con forma de láminas están formadas por fibrocartílago y se localizan en la tibia.

Su función principal es la de absorber las cargas que pasan a través de la articulación y facilitar la congruencia articular entre la tibia y el fémur. La función de amortiguación resulta muy importante ya que protege al cartílago articular colindante, reduciendo las posibles fricciones que pueden experimentar.

En cada rodilla podemos encontrar dos estructuras con forma laminar de tejido fibrocartilaginoso: medial y lateral (interno o externo). Una de estas estructuras tiene forma de “C” (interno-medial), mientras que la otra es prácticamente circular “O” (externo-lateral).

Estas estructuras están formadas principalmente por colágeno de diferentes tipos, organizadas de forma longitudinal para absorber las fuerzas compresivas que atraviesan la rodilla.

Generalmente, tras el mecanismo lesional, el paciente comienza a experimentar una serie de manifestaciones clínicas. Algunos de estos síntomas son muy característicos en este tipo de lesión y resulta fácil distinguir si se trata de una rotura meniscal u otra lesión.

El dolor es una de las experiencias más reportadas por los pacientes. Se manifiesta en situaciones muy concretas: bajar y subir escaleras, posturas que requieren una posición de “cuclillas” o similar.

Existen otros signos y síntomas, como por ejemplo la aparición de un derrame y con ello, sintomatología asociada; o bien sensación de bloqueo de la rodilla al querer realizar un movimiento de extensión o estiramiento.

Estas manifestaciones clínicas avisan al paciente de que algo no va bien y pueden proporcionar información de valor sobre la lesión. Sin embargo, mediante las pruebas diagnósticas de imagen se confirmará es cuando se confirmará el diagnóstico.

El tratamiento conservador y sus beneficios efectos cada vez tienen más evidencia y por tanto éxito.

El tratamiento de fisioterapia se basa principalmente en potenciar la musculatura de la zona mediante diferentes ejercicios isométricos y excéntricos. Mediante el fortalecimiento de la musculatura de la rodilla se pretende evitar que la estructura del menisco que se encuentra rota genere un compromiso en otras estructuras y por tanto se desencadene dolor, bloqueo, etc.

Esta fase de fortalecimiento también resulta esencial para los pacientes que se han sometido a una intervención quirúrgica, durante la rehabilitación.

Además, se podrán utilizar otras técnicas de tratamiento que ayuden a disminuir la inflamación o resulten analgésicas.

 

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