La presencia de dolor en las relaciones sexuales se denomina dispareunia. Aparece antes, durante (lo más frecuente) o después del coito, en el exterior de los órganos genitales, o en el interior de la cavidad pélvica y/o abdominal. Esta disfunción sexual se presenta tanto en el hombre como en la mujer. Al ser más frecuente en esta última, nos centraremos en ella.

La dispareunia no debe ser entendida y tratada como un dolor local, puesto que sucede durante quizá la actividad más personal que realizamos como seres humanos, nuestra relación íntima de pareja, el dolor puede generar conflictos interpersonales e intrapersonales, incluso llegar a afectar a la relación de una misma con su propio cuerpo, generando cambios psico-sociales y comportamentales.

La labor será realizar una extensa anamnesis que lleva al diagnóstico correcto y derivar al profesional adecuado, si no se trata de nuestro campo actuación (medicina general, ginecología, psicología..), o por el contrario, comenzar el abordaje global hacia el tratamiento manual, si la causa nos compete.

Debemos animar a nuestras pacientes a tener confianza y consultarnos este tipo de sintomatología. Tan importante es poder tratarlo, como reconocer el problema, para poder proponerle el especialista más acertado. Si no se consulta o resuelve en el plazo de seis meses de evolución, puede desembocar en dolor pélvico crónico, que llega a interferir en la vida de la paciente.

La dispareunia puede estar potencialmente ligada a una debilidad de la musculatura del suelo pélvico, siendo en un 22% el músculo elevador del ano el principal afectado. En consulta, la inspección del periné es necesaria para descartar la presencia de cicatrices, que pueden limitar la contractibilidad muscular y favorecer las fricciones durante el coito, generando la  dispareunia.

Estudios demuestran la efectividad del tratamiento manual en estos casos, mejorando la fuerza del suelo pélvico, de hecho, una de las funciones del músculo elevador del ano, es ayudar a constreñir la vagina. Incluso se obtienen mejores resultados en estas pacientes que en aquellas que sólo toman terapia hormonal, para mejorar la calidad del tejido perineal.

Travell, J. y Simons, D. estudiaron los patrones de dolor individual específicos de la musculatura urogenital, y dieron a conocer la multiplicidad de factores que perpetúan los puntos gatillo (PG) desencadenantes, que transforman un simple dolor muscular, en un dolor crónico y complejo, a veces de difícil diagnóstico. Estudios posteriores han avanzado en su legado y han desarrollado la sintomatología precisa que desarrolla cada PG.

l objetivo del tratamiento manual no es corregir una posición o enderezar un órgano, sino restaurar el deslizamiento entre las fascias, los ligamentos y los diferentes planosviscerales, facilitando un buen drenaje venoso que elimine las toxinas acumuladas, permitiendo una mejor irrigación y, por último, normalizar la función nerviosa.

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