La carrera es una disciplina deportiva que ha sufrido un aumento exponencial de participantes durante los últimos años. Personas de distinta edad, sexo y condición física han ido incorporándose paulatinamente a la carrera como un método de ocio, no reñido con el mantenimiento de la salud y la mejora de la condición física.

Durante la carrera, la frecuencia de zancada (número de impactos de los pies en suelo) se encuentra aproximadamente entre 165 y 180 pasos por minuto. En cada impacto, las fuerzas de reacción que llegan desde el suelo contra el pie del paciente, crean vectores de fuerza ascendente en dirección del esqueleto del miembro inferior, pelvis y columna vertebral. Durante la práctica clínica diaria, los fisioterapeutas formados en osteopatía observamos múltiples patologías provocadas por estos microtraumatismos de repetición en los corredores populares, tales como: lumbalgias mecánicas, sobrecargas musculares, síndromes rotulianos, periostitis tibiales, etc. En todas estas lesiones aparece la alta exigencia músculoesquelética durante esta práctica deportiva como denominador común.

El fisioterapeuta formado en osteopatía es un profesional con una extensa trayectoria académica desarrollada en el sistema universitario mediante un marco científico actual. Uno de sus principales campos de actuación se encuentra sobre el ámbito músculoesquelético. Un concepto interesante que se describe desde los albores de la osteopatía es el principio de: “Unidad del cuerpo”, concepto que actualmente la evidencia científica nombra como: “Interdependencia regional”.

Por este principio fundamental, el cuerpo humano ante una agresión o una enfermedad tiene la facultad inherente de reencontrar el equilibrio; es lo que llamamos “homeostasia”.

Tras una carrera de varios minutos, y ante los múltiples impactos recibidos durante la carrera, el corredor se siente cansado y con la musculatura sobrecargada a causa de la intensa actividad cardiovascular y muscular, así como la continua absorción de impactos en cada paso. Una vez acabada la actividad física se activan múltiples mecanismos regenerativos dentro del organismo que permiten la reparación y regeneración de los tejidos dañados, por ejemplo a nivel muscular. Cuando estas capacidades regenerativas
disminuyen, llegan las temidas lesiones del corredor como consecuencia de un déficit de reparación de los tejidos. Aquí, la figura del fisioterapeuta formado en osteopatía tendrá como uno de los objetivos primordiales dentro de sus sesiones de tratamiento, el permitir al organismo un proceso de recuperación sin obstáculos fisiológicos, que le lleven a la reparación completa del tejido dañado durante la carrera.

Un ejemplo conciso y muy prevalente en estos deportistas, es la llamada rodilla del corredor, donde debido a los continuos movimientos de flexoextensión de la rodilla durante la carrera, se produce fricción de la cintilla iliotibial sobre el cóndilo externo del fémur, con posterior inflamación y dolor sobre la región. Esta patología suele estar asociada a déficits musculares y alteraciones de la alineación de los miembros inferiores, además de excesos de cargas durante el entrenamiento. El fisioterapeuta formado en osteopatía, podrá realizar técnicas manipulativas y articulatorias sobre las zonas en disfunción, técnicas de estiramiento sobre la musculatura contracturada y técnicas estructurales sobre la fascia, además de una amplia batería de recursos terapeúticos a su alcance, desde una perspectiva basada en la evidencia científica.